martes, 11 de octubre de 2016

Impureza

El día se corre como una mujer madura
algo alegre que está triste.
Caminas un tramo y nadie hace fuego
despiertan los motores y las casas
tu cuerpo es la fachada sin pintar.

Los fastidia el humo de tu cigarro
todos monstruos del día: el pájaro, la hoja.
Te llaman el primer hombre sobre la tierra
pero sonríes, como si fueras el último.

Los paseantes miran con desconfianza
la soledad es un inmenso burdel
cómplice de la santidad.

Preguntas por qué todo se va
pero recuerdas que amar es tan sólo
el vicio de los que no tienen imaginación.

Te observo desde el razonamiento crítico
del último piso del edificio gris
Desde la sombra que muerde su desnudez,
levantas la mirada para insistir a dios
pero sólo encuentras mi mano en el cristal.

Llegas mordisqueando el aire sin palabras.
La noche es un caballo recortado
por el destello de la luna.

Alcanzo a pedirte dos cosas
olvida la verdad, olvida tu fe.
No soporto el gemir de las utopías.

El mundo desciende por el intestino de la noche.
Tienes sólo este minuto para escapar
mientras termino mi café.
No voy a dejar de cogerte
hasta sonreír como tú.

Esta noche bajo tus rodillas
no escribo ningún poema,
esta noche
es garabato de dios.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Engaños

Entretener a la muerte:
darle pedacitos de nuestra carne,
engañar la tripa con enfermedades misteriosas.
Dejarse oler de vez en cuando,
ese lado podrido que tenemos todos. 
Asomarse al pozo donde se ahogó el niño,
leer con llanto
el deceso de algún otro,
el paro cardiaco del abuelo, 
el suicidio del joven. 
Lamentarse en voz alta 
para que nos oiga.
Dejarla pasar pero nunca 
darle la bienvenida.
Que se sienta extraña 
en la casa que habitamos
para que se vaya,
pero sin correrla, sin avisarle
que nos creemos más listos.
Nada, que tome un café
pero sin azúcar,
de arrimada.
A la muerte le gusta mirarnos
de lejos
a escondidas, tan insignificantes.
Le dan risa las faltas de respeto
luego se acerca 
para darnos una palmada
que nos mete en el lecho
por algunos días.
Sólo quiere comprobar que estamos vivos.
Pero nada es serio

hasta que nos mata. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Ollas de Barro





“Hermógenes.- Sócrates, aquí Crátilo afirma
que cada uno de los seres tiene el nombre exacto por naturaleza.”
Díalogos de Platón; Crátilo

“…

El hombre me dice

que la mujer del proyecto se llama Barro

como la materia prima del oficio que ejerce.

Le pregunto si es una broma. 

La veo, esperando a que se defienda

pero agacha la cabeza envuelta

en su pelo de humo para que no la mire.

Se cubre con las manos

su sonrisa del color de la tierra.

No sabe escribir, sólo el nombre, 

despacio

el trazo de la pluma va haciendo un surco entre piedras

como el que hacen allá en el monte 

donde ella vive, para hacer el horno,

para quemar el barro.

El hombre sigue hablando

Como si la mujer no existiera,

él se encargará de llevarla a ella,


de cobrar el cheque, de cuidar las ollas. 

miércoles, 29 de abril de 2015

Tragamonedas


A La Mattrie

El hombre máquina, sí
pero sencilla. Como un molino de maíz
o una tragamonedas
automatizada para mentir, para doler, para estafar.

Volviendo siempre a los mismos objetivos:
los deberes, las promesas,
el accionar mecánico de las sonrisas,
la mano que pega, el reflejo de bostezar,
lágrimas que lubrican el parpadeo.

Marchan por millones todos los días
saliendo de las fábricas
mostrando una calcomanía en la caja de metal.

Pero de vez en cuando, también
como esas chicleras de la infancia
al echarles el dinero en la rendija
se tragan sin pudor una moneda
y ni chicle dan.







miércoles, 15 de abril de 2015

Trastero



Un mueble alto en el comedor.
Detrás de los cristales, objetos que nunca usamos:
copas, platos decorados, jarrones,
le llamábamos trastero
y era el orgullo de la casa.

Hay mujeres que son como esas vitrinas:
lo hermoso se muestra en ellas.
Además caminan y hablan en perfecto equilibrio.
Son monstruos que controlan el mundo.
Magnánimas ante el hombre
que es de una brutal imperfección
pero al que aman, irremediablemente.
Sensibles, lloran en silencio o a gritos.

Son sabias, las mujeres vitrina.
El hombre intenta abarcar su belleza con las manos
pero sólo logra manchar sus ventanas.
Después de unos meses,
la madera de la que están hechas se raja,
se abre con dolor el árbol que un día fue
para arrojar al mundo a otros hombres
que serán cautivos
y construirán para ellas grandes casas.
Creerán haber inventado la política, la guerra, la filosofía
recorriendo el mar en busca de especias
levantando inútiles puentes.






miércoles, 4 de marzo de 2015

Ocupaciones vanas


Comprarlo todo antes de morir

quiero el olor a nuevo de un coche

las ventanas enormes de una casa de campo

las caricias de un amor desvergonzado 

que se quita lo ropa por dinero.


Con las esquinas de sus cajas, de sus puertas,

que me llaguen el cuerpo los objetos 

dejarme quiero arder los ojos

con sus plásticos relucientes. 


La nariz jalando el aire viciado:

de Les Larmes Sacrees de Thebes.

Quiero comprarlo todo, antes de morir

en esos segundos de agonía y desesperación 

cavar hasta el fondo 

arropado, caliente hasta las lágrimas

del falso gozo por vivir. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Calle del retorno




Por qué esta calle en la que vivo 

de grandes huecos en donde antes había árboles

de banquetas colmadas por extraños, 

arroyo que cuando llueve se convierte en río, 

de autos que alumbran el agua sucia con sus faros. 


Por qué esta calle me tocó en suerte y no otra

a quién debo reclamar por nacer

en este barrio de campesinos arrancados de la tierra,

sirvientas, albañiles

hombres que trabajan encerrados en la maquiladora

y deambulan de madrugada en espera del transporte.


Mi vecino trabaja como embalsamador en una funeraria

me pregunta cómo estoy, se sonríe

estoy seguro que me imagina acostado en la plancha 

con ese zumbido de moscas alrededor del muerto

él con su cara de piel azulosa, ceniza, mortuoria 

y yo respondo tajante que estoy bien

antes de irme. 



Por qué esta calle del retorno,

territorio de soles que se multiplican para cocinarnos

como en un brasero,

calle de niñas embarazadas 

mujeres que pasean a sus hijos como a mascotas,  

madres orgullosas de haber parido extranjeros

madres en espera de irse a ese otro país, imaginario

o de volver a ser niñas en las banquetas. 


Por qué esta calle de la que no puedo escapar

de señoras que me saludan con sorna, que me espían

brujas que saben de hierbas y venenos

viejas de bocas fruncidas, 

que de niño me ponían sus manos de corteza sobre la cara

para maldecirme: este niño no llegará muy lejos

y sus brazos como ramas despedían un olor a ruda.


Por qué esta calle que me devuelve siempre a donde vivo

como si fuera la jaula de un roedor

de la que no escaparé nunca

ahora lo comprendo. 









martes, 27 de enero de 2015

Costumbre

 



La lengua va siempre al diente roto

como un castigo que se impone a si misma

cubre con su carne el agujero calcáreo

como una solución emergente,

hasta que se rompe la carne en los filos

de aquel destruido hueso.



El frío diagnóstico en el consultorio

aparta con espejo la lengua protectora

para cavar en el centro del dolor

mientras la lengua, contraída en el fondo

aguarda el destino en el horror de la sangre,



Aún cuando han sacado el nervio muerto,

y tapado con algodones la cavidad,

con ciega obsesión dentro de la boca

como una madre abnegada,

la lengua va siempre al diente roto




Implantes dentales


Me despedí de mis dientes mordiendo una manzana

en el trayecto del trabajo a la casa,

la última que de verdad tendría el sabor salvaje 

de la naturaleza, después de un año de frigorífico. 


Reventada por mis frontales y colmillos

sin ningún remordimiento, sin otra preocupación

que la gota fresca que escapó por una de las comisuras.


De ahora en adelante, mis pecados deberán ser 

previamente cortados con tenedor y cuchillo, 

fríamente, en trozos regulares

sobre un plato de vidrio, en el final de la juventud. 






miércoles, 14 de enero de 2015




“All Hallows' Even"



Planean los disfraces en voz alta
prueban con vestidos, pelucas y sábanas
hermosos jóvenes se pintan heridas en el rostro
las  mujeres se encrespan el cabello, cerúleas ojeras
los dientes negros,
vendajes sobre mutilados miembros,
provocan risa, dulces, borrachera.

Pero a los otros, a los que nos aburre eso,
a los que nos fastidia esa alharaca,
elegimos quedarnos, bueno o malo
con el disfraz que nos tocó en suerte.

Qué chiste puede traernos
añadir al cuerpo unas gotas falsas de sangre 
donde la postración hizo llagas,
o interminables vendajes
en los únicos huesos que no fueron ya rotos.
No señores, no.

Ustedes, a jugar a lo suyo:
el día más claro, los dientes perfectos, la belleza.
Con las brujas, los deformes,
con los emisarios de la muerte,
no se metan.











domingo, 28 de diciembre de 2014

Confianza mínima

En uno de los debates entre los estudiantes del IPN con su director, éste último se comprometió a revisar caso por caso la destitución de varias decenas de directivos implicados en casos de corrupción.  Al ponerse de acuerdo con respecto a los tiempos de resolución, los jóvenes argumentaban no tener una garantía de que el director fuera a respetar el acuerdo de no represalias contra los estudiantes, una vez que entregaran las instalaciones, por lo cual cada caso debía ser resuelto antes de lo establecido por la ley interna. La respuesta del director fue que los estudiantes debían tener una "confianza mínima" en él. 

Este es un ejemplo claro de lo que nos sucede como país. Perdimos la confianza mínima por la cantidad de mentiras que se nos han contado. Pero, éste no es el único elemento en contra. En el último cuarto del siglo pasado, el avance tecnológico nos dejó atrás. No me refiero a computadoras, sino a herramientas intangibles y capacidades intelectuales de aplicación práctica que tienen que ver con nuestras formas de trabajo, organización, administración, lectura de la información e interpretación. Ésta carencia es lo que se llama el neoanalfabetismo. Esta brecha educativa, en un país en donde sólo tres de cada diez personas acceden a la universidad, es, por decir lo menos, determinante del cómo enfrentamos la crisis actual y por su puesto, de cómo hemos llegado a ella. 

Una de estas deficiencias estriba en la constante visión maniquea a la que solemos reducir el mundo. Nuestros problemas se nos presentan en blanco y negro, y hacemos de las excepciones, una regla general. Es así como las profesiones y los oficios en México son los arquetipos del fracaso de todas nuestras expectativas en un mundo que nos advierte cada cinco minutos sobre una nueva tragedia o corruptela.

Médicos, ingenieros, economistas, antropólogos, abogados, psicólogos, comunicólogos, arquitectos y un largo etcétera son sólo un catálogo de charlatanes de quienes descreemos de forma sistemática. La opinión de un periodista por ejemplo puede ser mejor tomada en cuenta que la de un especialista en el tema. Una de las muchas razones para tener tan afianzado este tipo de conclusiones es porque la idea de corrupción está institucionalizada, es decir, creemos que la corrupción es una condición necesaria para el buen funcionamiento del sistema y es por ello que nuestra desconfianza es permanente. Por otro lado, si se le pregunta a cualquiera su opinión sobre la corrupción, ésta será negativa. La aparente contradicción es parte de un ciclo nocivo, decimos no a la corrupción pero nos corrompemos de ser necesario para el bienestar de nuestro grupo. 

Pongo énfasis en las profesiones porque pienso que ahora, más que nunca, confiar en las personas especializadas es fundamental para esclarecer nuestro funcionamiento como sociedad. Si convertimos las excepciones en regla, y concluimos que por el actuar de un abogado, todos los abogados son corruptos, que todos los albañiles son sucios, que todos los gobernantes roban, que todos los médicos nos enferman, que todas las empresas nos están engañando, que todos los ingenieros usan materiales de segunda para robar, que todos los psicólogos son charlatanes, que todos los psiquiatras medican sólo para tenernos dormidos, que todos los funcionarios públicos sólo funcionan a través de palancas, y así un largo etcétera, entonces empezaremos a vivir en el mundo del revés. 

La propuesta o conclusión no es que seamos "positivos" con respecto al mundo que nos rodea. Ahora más que nunca debemos ser desconfiados ante el ruido infernal en el que vivimos como sociedad. Pero desconfiar es un ejercicio de la inteligencia cuyas bases no pueden ser obviadas. Para saber que algo anda mal, primero debemos saber de qué manera son las cosas cuando andan bien. Usamos paraguas cuando vemos nubes, y damos por hecho que lloverá de arriba hacia abajo. Nuestro país está tan politizado y esa política es tan pobre, porque no está basada en los razonamientos, en la investigación, en los hechos, en la "confianza mínima" hacia nuestros profesionistas. La política mexicana está basada en la personalidad del político y en la intuición o conveniencia de sus votantes. 


H.S.G

jueves, 25 de septiembre de 2014




Lentis



“La vida es fascinante: sólo hay que mirarla
a través de las gafas correctas”
Alejandro Dumas




A mis lentes se les desprendió el anti-reflejante

ahora sólo están sucios.

Sin ellos veo un mundo hecho borrones

de luces más que de formas. 


Los lentes que perdí en una pelea

cayeron sobre el zacate de un jardín público,

yacían como el insecto

que de una sola pata se sostiene;

con el armazón vacío, los cristales rotos,

al amanecer de un día cuando no se sabe  

si será luminoso o de nubes negro.


Me pusieron anteojos a los quince años

eran de metal y vidrios gruesos.

Pasé de ser un tonto 

a un muchacho inteligente 

sin deber probarlo.

Yo era mis lentes,

como si fuera una manía el tenerlos.


Con ellos admiré el cultivo sembrado, 

las luces de la ciudad,

el campo indomable  

y la mirada más transparente

en la que pude verme reflejado,

vi el cuerpo desnudo que más amé.


Entiendo que no son algo pasajero 

las gafas van dobles en la vejez.

¿Quién las meterá conmigo en el ataúd?

Como los adminículos de un emperador

para que yo vea, lo que haya que ver.



Hugo Sánchez G.